CONCIERTO: The Wailers. Sala Joy Eslava (Madrid, ESP)
Con un retraso imperdonable de más de una hora se presentaron en el escenario una corista y bailarina africana, un percusionista francamente entregado, un guitarra, un bajo y un teclista que llevó el peso musical de la velada.
Parecían estar encima del escenario para cumplir sin más, a tenor del poco entusiasmo que demostraban tener y la poca expresividad que destilaban. Pero tras unos minutos de introducción musical llegó el torbellino...Elan.
Hasta entonces nos había hecho torcer el gesto el hecho de que los llamados Wailers tuvieran en sus filas a dos muchachos que a buen seguro no superaban los treinta años. No es que esperáramos a gente con bastón y canas encima del escenario, pero ya se sabe la picardía de algunos promotores a la hora de utilizar míticas denominaciones para dar gato por liebre.
La citada circunstancia, el retraso en el comienzo del show y una atestada Joy Eslava, hicieron que el escepticismo se adueñara del que escribe. Pero hubo dos cosas que tornaron el panorama: por un lado, la predisposición positiva del público reggae y un Elan que con su sonrisa y su más que concreta interpretación nos hizo vibrar.
El sonido siempre excelente de esta sala madrileña colaboró a que nos felicitáramos de estar allí, cerráramos los ojos y pudiéramos imaginarnos al mito encima del escenario. Elan superó con nota un cometido nada fácil: emular en la medida de lo imposible a Bob Marley y reinterpretar clásicos que todos tenemos grabados en nuestra mente.
Por si fuera poco, Elan pudo cantar alguna canción de su primer trabajo en solitario y demostraba a cada momento que tenía metido en el bolsillo al público. Esa química nos hizo olvidarnos de un dato que pasó desapercibido, pero que no está de más destacar: los vientos tan característicos del reggae fueron creados por un órgano (¡¿). Ello nos da una muestra de la sapiencia y buen hacer del teclista, pero nos deja con cara asombro y decepción a partes iguales.
La gente se sentía cómoda, coreaba cada uno de los éxitos y estaban en perfecta comunión con los Wailers. ¿A quién le importaba que no fueran los miembros originarios? ¿A quién le importaba que el órgano sustituyera los mágicos saxos? Esa noche volvía a sonar "One Love", "No Woman, No Cry" o "Jammin'".
Tras más de una hora, la formación hizo el bis de rigor con una interminable "Exodus" y la consiguiente presentación de los miembros de la banda. En definitiva, un buen concierto para disfrutar sin peros, sin pedirle más que lo que es una noche de reggae en una sala con una acústica maravillosa.
Texto: Miguel Caamaño (mcaamano@urbanmusiconline.net)
Parecían estar encima del escenario para cumplir sin más, a tenor del poco entusiasmo que demostraban tener y la poca expresividad que destilaban. Pero tras unos minutos de introducción musical llegó el torbellino...Elan.
Hasta entonces nos había hecho torcer el gesto el hecho de que los llamados Wailers tuvieran en sus filas a dos muchachos que a buen seguro no superaban los treinta años. No es que esperáramos a gente con bastón y canas encima del escenario, pero ya se sabe la picardía de algunos promotores a la hora de utilizar míticas denominaciones para dar gato por liebre.
La citada circunstancia, el retraso en el comienzo del show y una atestada Joy Eslava, hicieron que el escepticismo se adueñara del que escribe. Pero hubo dos cosas que tornaron el panorama: por un lado, la predisposición positiva del público reggae y un Elan que con su sonrisa y su más que concreta interpretación nos hizo vibrar.
El sonido siempre excelente de esta sala madrileña colaboró a que nos felicitáramos de estar allí, cerráramos los ojos y pudiéramos imaginarnos al mito encima del escenario. Elan superó con nota un cometido nada fácil: emular en la medida de lo imposible a Bob Marley y reinterpretar clásicos que todos tenemos grabados en nuestra mente.
Por si fuera poco, Elan pudo cantar alguna canción de su primer trabajo en solitario y demostraba a cada momento que tenía metido en el bolsillo al público. Esa química nos hizo olvidarnos de un dato que pasó desapercibido, pero que no está de más destacar: los vientos tan característicos del reggae fueron creados por un órgano (¡¿). Ello nos da una muestra de la sapiencia y buen hacer del teclista, pero nos deja con cara asombro y decepción a partes iguales.
La gente se sentía cómoda, coreaba cada uno de los éxitos y estaban en perfecta comunión con los Wailers. ¿A quién le importaba que no fueran los miembros originarios? ¿A quién le importaba que el órgano sustituyera los mágicos saxos? Esa noche volvía a sonar "One Love", "No Woman, No Cry" o "Jammin'".
Tras más de una hora, la formación hizo el bis de rigor con una interminable "Exodus" y la consiguiente presentación de los miembros de la banda. En definitiva, un buen concierto para disfrutar sin peros, sin pedirle más que lo que es una noche de reggae en una sala con una acústica maravillosa.
Texto: Miguel Caamaño (mcaamano@urbanmusiconline.net)
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Fotos: Santos Díaz (sdiaz@urbanmusiconline.net)


1 comentarios:
WAILERS con mayusculas, nos diero una noche mágica en el Joy, se respiraba y oía Jamaica, parecía que Bob estaba en el escenario.
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